La prevención de úlceras por presión en adultos mayores se apoya en cinco hábitos que se pueden aprender en casa: cambiar de posición a la persona con regularidad, usar superficies que repartan el peso, mantener la piel limpia y seca, asegurar buena comida y agua, y revisar la piel todos los días buscando zonas rojas que no se aclaran. Casi todas las escaras se pueden evitar si estos hábitos se cumplen de forma constante, día y noche, y no solo cuando alguien se acuerda.
Las úlceras por presión, que muchas familias llaman escaras, aparecen cuando la piel y el tejido de debajo quedan aplastados contra un hueso durante demasiado tiempo. La sangre deja de llegar, el tejido sufre y se rompe. En una persona mayor que pasa muchas horas en cama o en silla, esto puede empezar en pocas horas. Esta guía se centra en cómo prevenirlas; si tu familiar ya tiene una herida abierta, el manejo es otro y lo debe dirigir su médico o el equipo de enfermería de su EPS.
- Las escaras se forman por presión sostenida, fricción y humedad, sobre todo en sacro, talones, caderas y codos.
- Cambiar de posición con frecuencia es la medida más importante; el horario lo ajusta el equipo de salud según el riesgo.
- Un colchón o cojín adecuado ayuda, pero nunca reemplaza los cambios de posición.
- Revisar la piel a diario permite detectar una zona roja antes de que se abra.
- Comer bien, tomar agua y controlar la incontinencia protegen la piel desde adentro y desde afuera.
En nuestro hogar, Sonríe a la Vida, convivimos todos los días con personas que pasan mucho tiempo sentadas o acostadas. Lo que te contamos aquí es lo que aplicamos y lo que le enseñamos a las familias que cuidan en casa. No sustituye la valoración de un profesional, pero sí te ayuda a saber qué preguntar y qué vigilar.
Quién tiene más riesgo de hacer una escara
No todas las personas mayores tienen el mismo riesgo. Conocer los factores te ayuda a saber con cuánta intensidad tienes que vigilar. Los más importantes son:
- Poca movilidad: personas encamadas, en silla de ruedas o que no se pueden voltear solas. Es el factor principal.
- Poca sensibilidad: después de un derrame cerebral, con diabetes avanzada o con demencia, la persona puede no sentir la incomodidad que normalmente la haría moverse.
- Incontinencia: la orina y la materia fecal ablandan la piel y la vuelven frágil.
- Desnutrición o pérdida de peso: menos grasa y músculo sobre los huesos significa menos colchón natural.
- Deshidratación: la piel seca se agrieta y se lesiona con más facilidad.
- Enfermedades que afectan la circulación: problemas del corazón, de las arterias o anemia.
- Confusión o sedación: quien no entiende o no recuerda que debe cambiar de postura depende del todo de quien lo cuida.
Los profesionales usan escalas para medir este riesgo, como la escala de Braden, que puntúa percepción sensorial, humedad, actividad, movilidad, nutrición y fricción. No necesitas aplicarla tú, pero sí puedes pedirle al médico o al equipo de enfermería que la evalúen y te digan en qué nivel está tu familiar. Ese dato cambia cuántas veces hay que moverlo y qué superficie conviene.
Dónde aparecen y cómo se ven al principio
Las escaras se forman donde el hueso está más cerca de la piel. Saber dónde mirar es la mitad del trabajo.
| Posición habitual | Zonas que más sufren | Qué revisar |
|---|---|---|
| Boca arriba en cama | Sacro (parte baja de la espalda), talones, parte de atrás de la cabeza, omóplatos | Separar los glúteos con cuidado y mirar los talones por detrás |
| De lado | Cadera, rodilla, tobillo, hombro y oreja del lado de abajo | Rodillas y tobillos que se rozan entre sí |
| Sentado en silla | Isquiones (huesos de las nalgas), coxis, codos si se apoya | La zona donde se sienta, sobre todo si se escurre en la silla |
| Con sonda, oxígeno o férula | Nariz, orejas, piel bajo tubos y bordes de la férula | Marcas debajo de cada dispositivo |
La primera señal casi nunca es una herida. Es una zona enrojecida que, al presionarla suavemente con un dedo, no se pone blanca y sigue roja. En pieles morenas puede verse más oscura, morada o simplemente distinta del resto, y a veces se nota más caliente, más dura o más blanda al tacto. Esa zona ya está sufriendo: a partir de ese momento hay que quitarle toda la presión.
Cambios de posición: la medida que más protege
Ningún producto reemplaza esto. Mover a la persona alivia la presión y deja que la sangre vuelva a llegar al tejido. La frecuencia la debe definir el profesional según el riesgo y la superficie que se use. Como referencia general, en muchas guías se habla de cada dos horas en cama para personas de riesgo alto con colchón común, con intervalos que pueden ampliarse si hay una superficie especial y la piel lo tolera. En silla, la persona debería cambiar el apoyo con mucha más frecuencia o no permanecer sentada por periodos largos sin descanso.
Cómo hacerlo bien en la cama
- Alterna: boca arriba, de lado izquierdo, de lado derecho. Anota a qué hora hiciste cada cambio.
- Inclinación de 30 grados: cuando lo pongas de lado, no lo dejes totalmente apoyado sobre la cadera. Una almohada en la espalda que lo deje levemente inclinado reparte mejor el peso.
- Almohadas entre rodillas y tobillos para que los huesos no se toquen.
- Talones flotando: una almohada a lo largo de la pantorrilla, no debajo del talón, de modo que el talón quede en el aire.
- Cabecera lo más baja posible que permita la comodidad y la indicación médica. Con la cabecera muy alta, el cuerpo se resbala y el sacro recibe presión y roce.
Cómo moverlo sin lastimar la piel
Arrastrar a la persona sobre la sábana produce fricción y cizallamiento: la piel se queda pegada mientras el cuerpo se desliza, y eso rompe vasos por dentro. Para evitarlo, levanta en lugar de arrastrar, usa una sábana de movimiento (una sábana doblada bajo el tronco que dos personas toman de los extremos) y pide ayuda si tu familiar pesa más de lo que puedes cargar con seguridad. Tu espalda también importa.
Sentado en la silla
Muchas escaras empiezan en la silla, no en la cama. Revisa que tu familiar quede con la espalda bien apoyada, los pies sobre el piso o el reposapiés y las caderas al fondo del asiento. Si puede, pídele que se impulse con los brazos para despegar las nalgas unos segundos varias veces; si no puede, inclínalo un poco hacia un lado y hacia el otro. Si pasa todo el día en silla, conversa con su médico sobre un cojín adecuado y sobre el tiempo máximo que debería estar sentado.
Superficies y dispositivos para prevenir úlceras por presión
Hay muchos productos y las familias suelen gastar dinero en el equivocado. Este es un mapa sencillo para orientarte, siempre con la recomendación del profesional que conoce a tu familiar.
- Colchón de espuma de alta especificación: distribuye mejor el peso que un colchón común. Es una base razonable para muchas personas con riesgo moderado.
- Colchón de aire alternante: tiene celdas que se inflan y desinflan por turnos. Suele indicarse en riesgo alto o cuando ya hubo una lesión. Necesita electricidad, revisar que no se desinfle y que la persona no quede tocando la base.
- Cojín para silla: de espuma, gel o aire, según el caso. Los cojines en forma de dona o rosca no se recomiendan: concentran la presión en el borde y empeoran la circulación.
- Taloneras y protectores: sirven para descargar talones, pero no deben apretar.
- Apósitos preventivos: algunos profesionales usan apósitos especiales en sacro o talones en personas de riesgo muy alto. Su uso lo decide enfermería o el médico.
Ten cuidado también con lo que se pone encima: varias sábanas dobladas, pañales muy gruesos o protectores plásticos debajo del cuerpo anulan el efecto de una buena superficie, porque crean pliegues y retienen calor y humedad. Menos capas suele ser mejor.
Higiene y cuidado diario de la piel
Una piel limpia, seca e hidratada resiste mucho mejor. Lo que más daña la piel de una persona mayor es la humedad prolongada y el frote.
- Cambio de pañal oportuno: revisa con frecuencia y cambia apenas esté húmedo o sucio. La humedad constante es una de las causas más directas de daño.
- Limpieza suave: agua tibia y jabón de pH neutro o un limpiador sin enjuague recomendado para piel frágil. Nada de alcohol ni de agua muy caliente.
- Secar con toques, sin frotar, poniendo atención en pliegues: debajo de los senos, entre los glúteos, ingles y entre los dedos.
- Hidratar la piel seca con una crema sencilla, sin masajear con fuerza sobre zonas enrojecidas o sobre huesos.
- Cremas barrera: en personas con incontinencia, una crema barrera protege la piel del contacto con orina y heces. Pregunta cuál conviene.
- Ropa y sábanas lisas, sin costuras gruesas, botones ni migas debajo del cuerpo.
Un error frecuente es masajear con fuerza una zona enrojecida pensando que se activa la circulación. Sobre una zona que ya está sufriendo, el masaje vigoroso puede hacer más daño. Si está roja, se descarga y se vigila.
Nutrición e hidratación: proteger la piel desde adentro
La piel necesita proteína, calorías, vitaminas y agua para mantenerse fuerte. Una persona mayor que come poco, que perdió peso en los últimos meses o que casi no toma líquidos tiene una piel más frágil. Algunas pistas para revisar en casa:
- ¿Está dejando la mitad del plato o más en varias comidas?
- ¿La ropa le queda más suelta que hace unos meses?
- ¿Toma agua solo cuando se la ofrecen? Muchas personas mayores no sienten sed.
- ¿Tiene dificultad para masticar o tragar? En ese caso la comida necesita otra textura.
Si la respuesta es sí a alguna, coméntalo con el médico. La valoración nutricional y los suplementos, si hacen falta, los indica el profesional; no los decidas por tu cuenta. En nuestro hogar trabajamos con minutas de alimentación por dieta (estándar, hiposódica, para diabetes y de textura modificada para quien tiene dificultad para tragar) y ofrecemos líquidos a lo largo del día, porque esperar a que la persona pida agua no funciona.
La inspección diaria: una rutina de cinco minutos
Revisar la piel todos los días es lo que permite actuar a tiempo. Aprovecha el baño o el cambio de ropa. Esta es una lista que puedes pegar en la nevera:
- Mira sacro, coxis y glúteos con buena luz.
- Revisa ambos talones por detrás y los tobillos.
- Mira caderas, rodillas, codos, omóplatos, orejas y parte de atrás de la cabeza.
- Revisa la piel debajo de sondas, gafas, cánulas de oxígeno y medias de compresión.
- Haz la prueba del dedo en cualquier zona roja.
- Toca: busca zonas más calientes, duras, blandas o dolorosas.
- Anota lo que encuentres y, si hay un cambio, toma una foto con fecha para mostrarla al equipo de salud.
Una escara casi nunca aparece de la noche a la mañana: suele haber días de piel roja que nadie miró. La inspección diaria es la diferencia.
Señales de alarma y cuándo consultar
Consulta pronto con el médico tratante o con enfermería si notas:
- Una zona roja que no se blanquea y no mejora después de quitarle la presión.
- Una ampolla, una piel pelada o una pequeña herida, aunque sea superficial.
- Una zona oscura, morada o negra, aunque la piel parezca intacta (puede haber daño profundo debajo).
- Dolor en una zona de apoyo, sobre todo si tu familiar no puede expresarlo y se queja al moverlo.
Errores comunes que vemos en casa
- Mover solo de día: la noche es larga. Los cambios de posición también deben hacerse de noche, según el plan acordado.
- Dejarlo sentado muchas horas frente al televisor: la silla también lastima.
- Poner la almohada debajo del talón: el talón debe quedar en el aire.
- Usar cojines de rosca: parecen cómodos pero aumentan la presión alrededor.
- Talcos y polvos en exceso que se apelmazan en los pliegues.
- No registrar: si no se anota, nadie sabe cuándo fue el último cambio, sobre todo cuando varias personas se turnan el cuidado.
- Esperar a que haya herida para consultar. La zona roja persistente ya es motivo de consulta.
Cuando el cuidado en casa se vuelve demasiado
Prevenir escaras en una persona encamada exige atención las 24 horas: cambios de posición de noche, pañales revisados a tiempo, comidas acompañadas y una revisión de piel que no se salte ningún día. Para una sola persona de la familia, esto agota rápido. Cuando el cansancio aparece, los cambios se espacian y la piel lo nota.
Hay varias salidas. Una es apoyarse en un servicio de cuidado en casa para adultos mayores, con un cuidador o auxiliar de enfermería que asuma turnos y siga la rutina de prevención. Otra es una residencia donde el equipo se reparte el día y la noche. En nuestro hogar el relevo del cuidado se hace a las 7 a. m. y a las 7 p. m., con una entrega de turno donde se informa cómo está cada residente, y de noche hacemos ronda. Si tu familiar además tiene problemas para caminar, te puede servir nuestra página sobre el adulto mayor con dificultad para caminar.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que cambiar de posición a una persona encamada?
Depende del riesgo de la persona, del estado de su piel y del colchón que use. En muchas guías se toma como punto de partida cada dos horas en cama para personas de riesgo alto sobre colchón común. El médico o el equipo de enfermería debe definir el horario exacto y revisarlo si aparece una zona roja.
¿Un colchón antiescaras evita por sí solo las úlceras?
No. Reduce la presión y es una gran ayuda en personas de alto riesgo, pero los cambios de posición, la higiene, la nutrición y la revisión diaria de la piel siguen siendo necesarios.
¿Qué diferencia hay entre prevenir y tratar una escara?
Prevenir es evitar que la piel se rompa con las medidas de esta guía. Tratar es curar una herida que ya existe, y eso requiere valoración profesional, curaciones indicadas por enfermería o medicina y un plan específico. No intentes tratar una herida abierta con remedios caseros.
¿Sirven las cremas o aceites para prevenir escaras?
Hidratar la piel seca y usar una crema barrera cuando hay incontinencia ayuda a protegerla. Pero ninguna crema reemplaza quitar la presión. Pregunta al profesional qué producto conviene y evita masajear con fuerza zonas rojas.
¿Las personas que caminan también pueden hacer escaras?
Es menos frecuente, pero puede pasar si pasan muchas horas sentadas, si tienen poca sensibilidad en los pies o si usan zapatos o férulas que aprietan. Revisa también pies y talones.
Conoce cómo cuidamos a cada residente
Si tu familiar necesita más cuidado del que la familia puede dar en casa, ven a conocernos. En nuestro hogar geriátrico permanente en Medellín trabajamos con supervisión las 24 horas, cambios de posición registrados, minutas por dieta y comunicación constante con la familia. Si prefieres que se quede en casa, también te contamos cómo funciona nuestro servicio de cuidador o auxiliar en el domicilio para que la rutina de prevención no dependa de una sola persona.